El Aleph de las palabras

EL ALEPH DE LAS PALABRAS

por Laura Olalla

Es fácil pensar que la vida nos corrige siempre. Desde que uno inicia el día hasta que lo termina sentimos constantes  necesidades, a veces inidentificables. Las más usuales y comprensibles serían la comunicación y el silencio.

Solemos trazar un itinerario con ciertas prioridades al que vamos dando salida; si conseguimos realizar las tareas con éxito, nuestra salud no se resiente; por el contrario, una mirada de reproche, una voz altisonante, un agravio imprevisto, alentado por una rotunda negativa a alguna necesidad imperiosa, nos refuerza la bilis; nos paraliza el alma. ¿Cómo aprender a varear las contrariedades de la vida con asertividad y equilibrio emocionales si desde pequeñitos nos recalcaron que esta es  maravillosa y no nos prepararon para afrontarla con energía y decisión?

Habría que hacer un inmenso listado con frases grabadas que respondieran con efectividad a las necesidades básicas del ser humano, primando la premisa de : lo que no quieras para ti no lo quieras para otros. Así la justicia y el amor a los demás serían las grandes verdades universales y las políticas económicas –desde el más poderoso hasta el más humilde- serían equitativas, redundando en la salud de todos. Los Servicios Sociales tenderían a expresarse en pro de estas medidas positivas, argumentadas por gobiernos éticos, auténticos demócratas, defensores del verdadero bienestar de todos los seres humanos. Se reducirían los gastos sanitarios considerablemente puesto que todos sabemos que las enfermedades se somatizan, y una de las causas más comunes de ponerse enfermo comienza en el hogar –familias que no disponen de los medios básicos para alimentar a sus hijos, cuando hay tanto despilfarro y tanta ignominia en las altas esferas.  Anulemos la esclavitud de la mendicidad.

Conozcamos razas y culturas; el acercamiento a otras personas nos hará conocernos mejor a nosotros mismos.

Fatema Mernissi, en su libro para la paz recoge las palabras del iman Qushairi, un sufí del siglo XI: “Hay un viaje que implica solamente el cuerpo. Hay otro que implica el espíritu, en este te gradúas de una cualidad. Entre mil personas que viajan con su cuerpo, sólo unas pocas tienen el privilegio de viajar con el alma (nafs)”.

Viajemos pues con el alma para mantener un espíritu lúcido y sano que a la vez repercutirá también en la salud del cuerpo.

Mi gran amigo –ya desaparecido- el poeta Leopoldo de Luis escribió: “Sólo el dolor es el  padre del mundo”; otro gran poeta, también desaparecido, Claudio Rodríguez, apuntó: “Niños, venid, atadme con vuestro cordel azul de la pureza…”. Y yo no puedo terminar estas líneas  sin reafirmarme en: “Y me quedo mordiendo la esperanza”.

ACRÍLICO SOBRE LIENZO-COPIA DEL ORIGINAL DE UNA PINTORA VENEZOLANA [1280x768]

MADRIGAL DE LAS ROSAS

Qué hermosura, qué soltura

que tiene el vino de aquí;

si vine al mundo y sufrí

la decepción, la cisura

del que aparenta cordura

sin obviar lo que es dolor,

de ver tan sola la flor

las penas se me atragantan

susurrando en mi garganta

como si fueran de amor.

 

Ay, qué ajetreo llevamos,

cuántos vocablos desiertos

se aferran a desconciertos

por el trato que les damos.

No siempre somos reclamos

de la paz y la armonía,

pero prometo que un día

miraremos a la flor

con los ojos del amor

aunque nadie nos sonría.

Laura Olalla